sábado, 5 de noviembre de 2011

¿En qué se diferencia un salón literario de un taller de lectura y escritura?


El ámbito donde realicé la observación es un instituto privado que brinda cursos, talleres y carreras cortas relacionadas con el campo de las Letras. Se encuentra en el barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires. El espacio observado se presenta con el nombre de “taller literario”, tiene una frecuencia semanal y funciona por la tarde en el horario de 15 a 17 hs. El grupo está formado por alrededor de veinte personas, todas mujeres y un solo hombre. Son todos adultos, mayores de cincuenta años.
El siguiente es un fragmento de la entrevista que realicé a la coordinadora/profesora del taller. La denominación que utilizo de coordinadora/profesora se debe a que el rol que ella cumple no se puede encuadrar dentro de una sola de esas funciones, ya que su accionar incluye por un lado, una modalidad de enseñanza más tradicional, la de profesora que imparte conocimientos y por otro lado, la de coordinadora de la puesta en común de producciones y opiniones sobre las lecturas.

- ¿Cómo organizas el curso acá?
-Acá lo organizo en forma anual. A principio de año yo presento un programa con un recorte, con un perfil. Por ejemplo, el año pasado presenté un programa en el que trabajábamos literatura del Siglo XIX, entonces todo el año trabajamos con autores europeos o estadounidenses del Siglo XIX. Estuvimos todo el año con esto, digamos que, uno propone un recorte que después en función de cómo van avanzando las clases podemos modificar algunas cuestiones, en relación con lo que te impone la práctica. Y este año, el programa que yo presenté a principio de año trabaja específicamente sobre literatura argentina. Creo que el primer texto fue El matadero de Echeverría y a partir de ahí, una manera de la evolución de la literatura argentina a través de diferentes autores.
-¿En forma cronológica o…?
-Y, a mí, la cronología me gusta. Digamos que hay algo del paso del tiempo que colabora con la comprensión de determinados signos, de determinadas estructuras literarias. Entonces, sí, me gusta pensarlo en esos términos. En relación a la creación literaria no siempre es el mismo vínculo ¿no? No es que para escribir un texto uno necesita entender relaciones cronológicas. Yo creo que la interacción entre escritura y lectura es fundamental. No se puede escribir si no hay una comprensión del mundo literario. Me gusta trabajar mucho sobre la comprensión de los textos para que desde ahí aparezcan disparadores para la producción.
-Ahá, o sea que siempre hacés una relación entre lo que van leyendo y la consigna que les das para escribir.
- Si, digamos que esa es mi (acentúa el mi) manera de trabajar, porque es la que a mí me funciona. No es que sea la única, por supuesto que hay un montón... A mí me parece que partir de la lectura y de la comprensión de determinado texto para poder disparar una consigna en función de eso, enriquece mucho las posibilidades de escritura de los participantes del taller.


De las afirmaciones anteriores, se deduce que la forma de trabajo privilegiada se asimila a la de los talleres literarios que surgieron durante la década del 70, sustentados en las teorías posestructuralistas. En ellos, la mayor parte del tiempo se dedica a la lectura, comentario y análisis de los textos y la escritura pierde especificidad, ya que no se atiende a lo particular del proceso escriturario. Es en esta época, además, que se generaliza la propuesta de consignas como disparadores para abordar problemas, mecanismos textuales o diferentes procedimientos literarios; así también como estrategia para superar el temor a la página en blanco. En este taller la profesora enfatiza la importancia de la relación lectura - escritura y entiende a la consigna como disparador de la “inspiración,” porque no apunta hacia otros aspectos de la escritura, más allá del contenido o tema.
En el accionar del taller se ponen en juego acciones teleológicas (orientadas a lograr un fin). La profesora elabora un programa que recorre un cierto canon al que sería necesario acceder para la “comprensión del mundo literario”, como ella misma señala. Luego se plantean acciones reguladas por normas para asegurar una “lectura exitosa” (Raimondo G., 2003), que es aquella que descubre el sentido correcto de ese texto. Alumnos y profesora adoptan roles que cumplen expectativas de comportamiento acordes. La profesora explica el sentido de los textos y los alumnos escuchan la interpretación académica que ésta brinda. No hay en la propuesta de este taller una construcción dialógica del sentido de los textos, con aportes de los participantes y del profesor; sino la transmisión de una construcción impuesta, considerada la única legítima o la de mayor validez en ese mundo literario que se desea desentrañar.

Parafraseando la adivinanza con que se
promocionaban los talleres de escritura del grupo Grafein,
les propongo el siguiente enigma:
¿En qué se diferencia un taller literario de un taller de lectura y escritura?
Esperamos sus opiniones esclarecedoras en el blog. ¡Por favor no nos dejen solos o nos convertiremos en esfinges!


Si querés conocer cuál era la propuesta de los talleres del grupo Grafein podés entrar en http://www.mariotobelem.com.ar/?page_id=24








Gabriela Elorrieta








3 comentarios:

  1. Con respecto a tu pregunta inicial, en verdad, no sé la diferencia porque nunca fui a un salón literario pero me imagino que la escena que vos comentas se parece más a un salón literario que a un taller. Digo por lo del "cánon" y por "asegurar la lectura exitosa".
    Alliaud en "Historias de vida de profesores y su relación con la enseñanza de la Lengua y la literatura" sostiene que si indagamos en la biografía del docente (o cordinador) podemos acercarnos a los procesos de construcción de las prácticas en los contextos en que se produjeron. Además,la autora agrega que el pasado se hace presente no como retorno sino como reconstrucción.
    Lo que quiero decir es que no debemos olvidar que durante muchos años en nuestro país la educación reprodujo ideologías autoritarias. Están presentes en cada escena que leemos la "omnipresencia del docente". Si seguimos una lectura minuciosa hay un hilo conductor con estas palabras: organización, programa, recorte, función, estructuras, consigna, producción, perfil, práctica.
    Me parece que las palabras sacadas de la entrevista hablan por sí solas

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  2. Gabriela, el método de trabajo y de organización de este taller se asemeja un poco al que yo fui a observar. Alli, a partir de la lectura, se realiza un análisis interpretativo de los textos pero desde la perspectiva de los conocimeintos científicamente literarios y avalados por la teoría y la crítica, dejando poco espacio a los saberes comunes y no reconocidos, como plantea Foucault,en su concepción de "Saberes sujeto". Como bien decís, en el taller que fuiste a observar, no se produce un aprendizaje diálogico sino que prevalece el conocimiento autoritario del coordinador. Creo que este taller está organizado bajo una estructura de circuito formal (escolar)y no desde la perspectiva de un espacio no formal, en el cual, las reglas y las conveciones a la hora de planificar, leer y escribir son tenidas en cuenta en menor medida, para dar paso a la experiencia,al encuentro de voces y a una nueva concepción de literatura, basada en los conocimientos, opiniones y valores colectivos. Denise

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  3. El taller literario se sostiene sobre la concepción del escritor como "genio creador" proveniente del romanticismo (pero que lo trasciende). Desde esta perpectiva la producción está basada en la inspiración, por lo cual no se utiliza ninguna consigna. Desde esta postura la escritura no puede ser aprendida. De esta manera la literatura sería accesible para unos pocos. Esto está presente en lo que dice la coordinadora (como vos bien lo marcaste): "No se puede escribir si no hay una comprensión del mundo literario". Por el contrario, en el taller de lectura y escritura, se piensa a esta úlitma como una práctica posible de aprender. Para ello se utiliza la consigna pensada como un obstáculo que implica usar la imaginación para superarlo y como trampolín, ya que la dispara. La lectura y la escritura son inseparables y, se valora no la lectura desde el canon sino a través de los aportes de los participantes.

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