lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Terapia o literatura?

La siguiente escena es extraída de un encuentro en un taller literario para la 3º edad  dictado en un Centro de jubilados de la Capital Federal:

Una de las participantes que se ruborizaba, al parecer bastante tímida, y que no había hecho conocer aún su voz (a mi observación, claro está) lee un poema para su madre donde le declara, a pesar de su muerte, el amor eterno que le tendrá por ser “la figura representante del amor más grande que uno pueda sentir”.  La autora parece emocionada y también lo parecen sus compañeros. Ellos escuchan conmovidos las palabras de la autora, tanto que nadie dice nada cuando termina. Su vecina se limita a tomarle la mano más en señal de felicitación que de contención. Como resultado el coordinador habla de la literatura como catarsis y del poder que ésta tiene en tal sentido.

Cuán interesante resulta poder presenciar un espacio donde el objetivo “sería”, ya que me lo sigo preguntando, la Literatura y sin embargo uno se topa con un espacio terapéutico. Esto es claro en la escena antes mencionada. Acordando con M. Alvarado y G. Pompillo, “es común que confundan el escrito creativo con la expresión de sentimientos o vivencias y no logren distanciarse de lo que escriben. De inmediato aparece la necesidad de realizar una etapa de aprestamiento, en la que el grupo no sólo domine el escrito sino también modifique actitudes: de la subjetividad a la objetividad, de la obediencia a moldes o estereotipos al gusto por la experimentación”. Escribir es una buena terapia para quien ha pasado por una situación extrema, y así fue en la época nazi que surgían como espacios de “descarga”. No todos los participantes escriben con fines artísticos o comerciales, sino que ven en estos encuentros la base de una escritura catártica para superar problemas traumáticos. Se sitúa a la Literatura como “puente”, como “vía” de expresión relacionada con el Amor, los sentimientos y queda así rotulada –criollamente- como “literatura romántica”.
El espacio “taller literario” nos dispara la idea de lo no formal y por ende, de la no consigna y de una relación no jerárquica con el coordinador. Sin embargo, a pesar de la informalidad del contexto y de las inquietudes diversas en asistir, hay límites diferenciados y objetivos claros: el placer por la escritura y la lectura.
El rol del coordinador no es del todo fijo, se corre entre la consigna y el ojo puesto en ese eje a trabajar (escritura, aspectos específicos, lecturas seleccionadas) y la fluidez, lo que “va apareciendo” en dichos encuentros. Para él, lo jugoso no es lo lineal, esperar la consigna y trabajar sino las herramientas que ofrece para poder llegar a eso que gusta que los demás “agarren en el aire y lo vuelquen en una hoja”. No llenarla para su aprobación, sino que la esencia de su enseñanza se vea reflejada en la escritura y en esas “técnicas” que intenta apuntalar sin que los demás las percaten.
Justamente tarea difícil no sólo transitarla y poderla percibir en su estado más puro sino también transmitir el gusto por “el placer de la experimentación”, camino rígido marcado por postulados de la Escuela, donde uno se aleja por desmotivación y encuentra eco en “yo no nací con ese talento”. Los talleres han sido una creación, así fueron sus orígenes, para romper con esta barrera que hace sinónimos a dos palabras tan dispares: escritura/ habilidad y para lanzarse de lleno en la producción y en ese “saber que se produce entre todos” pero donde cada uno le pone el tinte al asunto. Recordando a C. Geertz, a pesar de que “la objetividad completa es imposible” saldrán a la luz escritos fructíferos para ser analizados, también formas y estructuras literarias, que irán incorporándose en las escrituras constantes.
La dinámica del espacio es respetuosa,  no hay un Yo crítico sino hay un Todos solidario donde no se oyen sino que se escuchan y se ayudan a avanzar incorporando todo de todos. Es un “hablar juntos” donde prima ese entramado ajeno con el propio, siendo el coordinador guía espiritual de este camino de interrelaciones intersubjetivas de voluntades donde la construcción de sentidos nunca es un acto meramente individual. El intercambio grupal favorece la autocrítica y el desarrollo y también disminuye las actitudes de autodefensa y el sentimiento a “ser robado” para abrirse en un sendero de aprendizaje lúdico. El coordinador lucha entre la estructura y la no estructura pero también los encuentros se van transformando y se establece lo que el autor español Ramón Flecha llama “aprendizaje dialógico”, en el que los sentidos de los diferentes textos (literarios) se construyen a partir de los diferentes aportes y fundamentos de los participantes, y no por la imposición de un sentido considerado legítimo. Este vínculo dialéctico en el que los sujetos, a la vez indagados y transformados, por las lecturas que efectúan, también modifican al texto. Esto ocurre cuando intentan hallar un sentido que lo explique; desplazan el sentido y recurren a su experiencia concreta y personal pero ete aquí que el sujeto lector es modificado y modifica. La pluralidad de sentidos está abierta…
                                                                                 

Y para cerrar este final que no cierra, me remonto a las sabias palabras de Carlos Fuentes:
“no se escribe para seguir las reglas sino para violarlas”…

¿Usted que piensa estimado lector?

Belén Milani

5 comentarios:

  1. Es increíble como a lo largo de las lecturas que voy haciendo en este blog voy viendo cómo aparecen cada vez más lo catártico y lo terapéutico de la escritura. Igualmente me parece que en este caso lo catártico "aparece" y no está tan claro para todos, por eso el coordinador se dedica un rato a explicar la literatura como catarsis. Es decir, hubo otras escenas en las que era más obvio que la literatura puede ser catártica, en cambio acá aparece como resultado de la práctica de escritura de una de las talleristas. Por esto que digo (es decir, que creo que es un caso aislado y no algo "de siempre" del taller) me resulta raro analizar otras cosas, como que por ejemplo lo que se propone en el volante del taller que mostrás no se cumple en esta escena... Excepto en el "necesitar la mirada del otro".
    Al final, ¿¿es un taller literario para la 3ra edad o un taller de escritura??

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  2. ¡Qué maravilloso poder trabajar con adultos de la tercera edad¡ ¡Y qué dificil a su vez¡ Uno debe pensar y tener en cuenta que se trabaja con la palabra, la memoria, las vivencias, con la idea del tiempo(que se les escapa), con los afectos. Demasiadas cosas. La mejor manera sin duda de trabajar con ellos es a través del diálogo.

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  3. Por mi parte, me llamó mucho la atención el afiche de convocatoria,... más allá de que invita a "todos" en el sentido que abarca diferentes formas de considerar la literatura, me causa una sensación de encuentro religioso, o "búsqueda de un don" dice: "¿es placer o es dolor?", ¿no es literatura?. Por otro lado hay una fuerte mirada e invitación a lo vivencial, una participante se ruboriza otra le toca la mano, hay emoción, la idea de que la literatura se siente con el cuerpo. Y por último quería resaltar como termina el afiche "de poetas y de locos... todos tenemos un poco" además de participar de la amplia convocatoria, de una visión de literatura quizás ligada al "bohemio" al escritor "rebelde" o aquel que vive en otra sintonía, una idea un tanto extraña.

    Natalia Pioppi

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  4. Esta escena me hizo pensar en las multifunciones que tiene la literatura, pero pensarla como catarsis y con gente mayor me produjo una hermosa sensación. El hecho de imaginar una interacción entre talleristas y coordinador, en donde lo que prima son las emociones, lo personal, las vivencias y los recuerdos a la hora de escribir, me causa una gran satisfacción. Es claro que el circuito informal no solo posibilita la inclusión social sino la posibilidad de crear otro tipo de conocimiento, fuera de las teorías literarias y los lineamientos académicos, en busca la subjetividad y la exteriorización de los sentimientos. Denise

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  5. Creo que está bueno poder exteriorizar sentimientos a través de la palabra (y hay que estar dispuesto a hacerlo ante los demás) pero reducirlo todo a lo conocido y lo vivencial me parece que en algún punto se agota.

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