La escena que analizaré es de un taller de escritura que se lleva a cabo en un instituto de educación superior, ubicado en la Capital Federal. Allí, concurren jóvenes y adultos, con el afán de mejorar la escritura, poniendo el acento en la práctica del género lírico.
“[…]El hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido.[…] La cultura ha de ser por lo tanto una ciencia interpretativa en busca de significaciones. Lo que busco es la explicación, interpretando expresiones sociales que son enigmáticas en su superficie” (Geertz: 1999)
La coordinadora del taller, Rosa, le pide a una tallerista que comience con la lectura de "Las invitadas", de Silvina Ocampo. Al culminar la lectura, se llevan a cabo el análisis y el debate. Clara, una tallerista, ama de casa y madre de familia, comenta:- el primer cuento que leí de Silvina me impactó porque parecía un cuento de niños, pero hacia al final se descubre que uno de ellos fue abusado, muy tremendo… La profesora aclara:- "los niños de Sivina" son víctimas y victimarios a la vez, engañan y confunden al lector, con el juego de la doble representación. Enseguida, Juan, un tallerista sugiere que las niñas podrían representar a los siete pecados capitales, que corrompen al protagonista. Al producirse esta deducción, el resto comienza a pensar en esa idea y juntos empiezan a adivinar qué pecado representa cada una. Allí, la docente repasa el asunto de los pliegues, la alegoría y los mundos posibles, generados por la literatura fantástica, según el libro de Carlos Gamerro, “Ficcones barrocas”. Al terminar les promete una consigna para la clase próxima, a partir de la temática del cuento aplicada a la escritura de poesía, como ellos le pidieron.
En esta escena del taller parece que el aprendizaje no se lleva a cabo mediante un “diálogo igualitario”. “El diálogo es igualitario cuando considera las diferentes aportaciones en función de la validez de sus argumentos, en lugar de valorarlas por las posiciones de poder de quienes las realizan”(Flecha, 1997) Cuando la tallerista intenta aportar a la clase una experiencia, un conocimiento previo que tiene acerca de otro cuento de S. Ocampo, la coordinadora inmediatamente intenta imponer el concepto de la doble interpretación propio de la literatura fantástica y presente en “Las invitadas”. Asimismo, deja de lado la reflexión de Clara no permitiendo el debate o la ambigüedad, capaces de enriquecer el conocimiento compartido más allá de los conceptos legitimados que ella busca imponer y transmitir, no desde un rol de acompañante, desde la neutralidad sino desde una posición de poder que se impone sobre las opiniones colectivas en la tertulia literaria. Asimismo, el concepto de “polisemia” planteado por Alvarado (1998) como la cualidad propia del lenguaje, la pluralidad de sentidos, mediante la cual la literatura se construye, no es tenida en cuenta en esta escena. Parecería que la voz de la autora del cuento y la de los críticos son las únicas que importan, contraponiendo la propuesta de un taller literario: “Cada nueva lectura “escribe” un nuevo texto en tanto que produce significaciones nuevas. La voz del autor es desplazada por la voz del texto. De este modo, poco a poco, la lectura se vuelve decisiva para pensar la literatura. (Alvarado, 1998)
Si les interesa conocer más acerca de “Las invitadas”, visiten este sitio:
Por otro lado, parece que los únicos saberes válidos para Rosa son los que la crítica literaria ha legitimado, los cuales (Foucault, 1996) llama “saberes sujeto propios de la erudición”: bloques de saberes históricos que estaban presentes pero dentro de conjuntos sistemáticos y que la crítica (literaria, en este caso) ha hecho reaparecer a través del instrumento de la erudición. De esta manera quedan relegados los otros saberes sujeto: “los saberes locales o comunes”, los cuales son jerárquicamente inferiores, no legitimados científicamente. Estos últimos, los de Clara y seguramente los de otros talleristas no son tenidos en cuenta por la profesora, quien solo se ajusta a la teoría de la literatura fantástica y a su aplicación en los cuentos de Ocampo y de otros autores argentinos y extranjeros. En este caso, “Ficciones barrocas” es el soporte teórico- literario que Rosa ofrece y valida en su taller.
Si quieren saber más acerca de “Ficciones barrocas” hagan click en este link:
Al parecer, la subjetividad de la tallerista queda relegada, pues el abuso a un niño resulta, seguramente, un tema fuerte y complejo. Asimismo, este asunto pudo haber movilizado a Clara y hasta el punto, tal vez, de modificar su interpretación acerca de “Las invitadas”. Sin embargo, Rosa, no permite que ella enuncie una hipótesis acerca del cuento, desde sus sentimientos y su experiencia personal, acerca de la escritura de Ocampo. “La relación establecida entre individuos y prácticas de lectura sería la de un vínculo dialéctico en el que los sujetos a la vez que son indagados y transformados por las lecturas que efectúan también modifican al texto […] desplazan el sentido hacia su propia experiencia concreta y personal. (Raimondo: 2003)
Cuando Juan propone que las niñas invitadas representan a los pecados capitales, se puede deducir que a partir del conocimiento instrumental –el de las características de la literatura fantástica- se reflexiona y, a partir de la reflexión, tenemos “aprendizaje dialógico”; el cual no se opone al primero, sino más bien a todos los objetivos y/o procedimientos que son decididos al margen de las personas, con fines de exclusión. (Flecha, 1997) En esta escena, el debate y la reflexión son en pos de designar un pecado capital a cada invitada, en pos de la construcción de un conocimiento de la literatura fantástica pero de manera colectiva. “El diálogo igualitario fomenta una intensa reflexión al tener que comprender los argumentos ajenos y aportar los propios” (Flecha, 1997)
Se puede ver como el “diálogo igualitario” también se hace presente en la consigna que la profesora les asignaría el encuentro siguiente: por un lado la temática de “Las invitadas” y por el otro, la poesía, un género que los talleristas desean aprender. Tanto Rosa como los participantes negocian e intercambian propuestas, intereses y voluntades, a medida que la tertulia literaria del taller se lleva a cabo. “La variante estratégica consiste en que el instructor tenga en cuenta los fines que se plantea cada alumno o alumna” (en este caso los talleristas) (Flecha, 1997) Tanto la profesora como los participantes actúan de acuerdo a expectativas compartidas a la hora de trabajar en el taller.
A partir de la descripción y el análisis propuestos, ¿qué tipo de lectura y de escritura sugerirían, si coordinasen un taller?¿Por qué?
Denise Martín


Me parece que el análisis que hacés de la escena está muy bueno. Pienso que para el coordinador de un taller, que viene con una visión predefinida del análisis de una obra, le debe resultar muy difícil salirse de su posición para consubstanciarse con una mirada distinta, que no se esperaba. Y más cuando esa mirada va más hacia lo emocional que a lo racional. Es un poco de lo que hablaba Flecha cuando decía que un profesor desplgaba acciones dramatúrgicas, que ya tienen un guión memorizado y para actuar una improvisación hay que estar muy entrenado.
ResponderEliminarYo no lo veo tan así. Creo que la coordinadora, cuando decís que "aclara" acerca de cómo son los "niños de Silvina" está trayendo a colación su conocimiento acerca de la lectura de Silvina Ocampo, pero en realidad me parece que es un agregado que no entra en conflicto con lo que dice Clara. No veo mal que la coordinadora le ponga el "paralelo académico" a lo que dicen los talleristas y no sé si por eso está dejando de considerar válidos los saberes sujeto de los talleristas, ya que en realidad está encontrando en sus propios saberes lo que los talleristas percibieron del texto y puede transmitírselos para enriquecer sus interpretaciones acerca del texto.
ResponderEliminarDenise: luego de haber leido todos los comentarios considero que el tipo de lectura y escritura, sin duda, se debe hacer en el marco de un aprendizaje dialógico; más allá de que estemos en un ámbito formal, por lo menos en lengua y literatura.
ResponderEliminarLa posición de profesores "eruditos" no me gusta, me parece que pone distancia entre la obra y los lectores, no puede mediar porque impone criterios, y es casi una tortura ("para ellos hay que entender a Borges", es una orden casi)